Colombia.

Algunas historias comienzan con un sueño. La de Iván Álvarez comenzó con un muñeco. En su taller, entre madera, telas y pintura, los títeres parecen esperar pacientes el momento de volver a la vida. Allí, los objetos pueden convertirse en historias.

Álvarez recordó que descubrió el mundo de los títeres de una manera inesperada, ya que durante su infancia no había tenido contacto con ellos.

Yo descubro los títeres de una manera insólita, porque yo no había visto títeres en mi infancia, no tenía noticia de qué era un muñeco. Unas amiguitas un día me invitaron a jugar con muñecos y yo creía que era con las muñecas que ellas tenían en su casa. Pero como a mí me gustaban mucho esas niñas, yo estaba enamorado de ellas y me parecían divinas y muy buenas personas, acepté ir a jugar a la casa de ellas. Para mí fue tamaña sorpresa ver que las muñecas o los muñecos que ellas tenían eran títeres”, relató.

Con el tiempo apareció la imaginación y también el trabajo compartido con su hermano gemelo César. Mientras uno imaginaba mundos, el otro contribuía a hacerlos posibles.

Álvarez destacó que su hermano desempeñó un papel fundamental dentro de La Libélula Dorada.

“Él era más dado a las relaciones públicas, era más extrovertido que yo. Y entonces ocupaba un lugar muy importante en La Libélula, porque era el que se encargaba un poco de la administración y de la proyección del grupo, como gestor. Era un gran gestor y le abrió un horizonte y un camino a La Libélula”, señaló.

Así comenzó la historia de La Libélula Dorada, un espacio donde los muñecos aprendieron a hablar y donde generaciones de niños encontraron un escenario para la imaginación. Actualmente, aunque el lugar se encuentra en remodelación, su esencia permanece en cada historia y en cada títere.

Entre los recuerdos que conserva de esos años, Álvarez evocó una experiencia que lo marcó profundamente.

“Un día me dio por preguntarle, por curiosidad, a un niño como de siete años por qué me abrazaba tanto a mí y a mi hermano. Entonces el niño dijo: ‘Es que yo creía que ustedes no existían de verdad, que solamente existían en la fantasía y en la televisión’”, recordó.

En el teatro de títeres, todo nace del juego. De ese universo surgieron personajes, historias y también recuerdos que continúan vivos sobre el escenario y en la memoria de quienes los han acompañado.

Por: Directo Bogotá (DB).