Ecuador.
«La escultura para mí ha sido mi vida. Gracias a la escultura he hecho lo que he hecho. Tengo mi casa, mi hogar y, más que nada, mis hijos», dice Alfonso Cisneros, escultor que nació en San Antonio de Ibarra en 1939; él pertenece a la tercera generación de escultores que se formaron en los talleres de los hermanos Reyes.
«Pues yo me inicié en esto es en el colegio Daniel Reyes. Ahí empecé. Pues al fallecimiento de mi padre me vi obligado a retirarme del colegio y pasé al taller del que fue el primer maestro de escultura del Daniel Reyes. Para entrar al taller teníamos que pagar una mensualidad. Y entonces el maestro nos iba viendo la cara de lo que hacemos y nos iba indicando qué está bien, qué está mal. Y así empezábamos haciendo manos. Primero, la forma de la mano sin dedos. Después ya hacíamos con dedos y de diferentes formas la mano. Hemos hecho muchas cosas en este lugar. La imagen más grande que hemos hecho es un Cristo de siete metros que está en la catedral de Ambato. El personaje más importante para el que hemos trabajado en mi vida, para mi criterio, me parece que es el papa Juan Pablo II. Para él trabajé yo durante veinte años. A cada país que iba a ir a viajar, a visitar, me llamaba y me pedía un Cristo e iba llevando y dejaba regalando en el país que iba.”
Otra de sus anécdotas es aquella en que dejó de hacer esculturas religiosas porque en 1962 el papa Juan XXIII había dispuesto que se retiren de las iglesias las figuras de los santos.
El taller de Alfonso Cisneros tiene sesenta años de creación. En este ambiente, dominado por el olor de la madera de cedro, se han formado alrededor de cuarenta discípulos cuyo trabajo ha significado un aporte valioso en la elaboración de sus obras.
Por: Universidad Técnica del Norte (UTN).
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