Guadalajara, Jalisco

Como parte de la edición 41 del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), el Ágora Jenkins recibió con los brazos abiertos al actor Edgar Ramírez, quien encabezó la clase magistral “Actuar es un acto de empatía”. 

Con una carrera destacada internacionalmente, Ramírez reveló cómo ha logrado desempeñar diferentes roles fusionando sus pasiones, movido por una profunda curiosidad que lo ha llevado a explorar también la producción.

Su testimonio ofreció una visión íntima sobre su evolución artística, destacando su conexión con México como un puente cultural y su reciente trabajo detrás de cámaras en proyectos como Aún es de noche en Caracas (2025).

Confesó que el oficio actoral es un ejercicio constante de rendición y relajación, alejándose de la tensión del perfeccionismo para permitir que surja la verdad. Explicó que la preparación es vital para conocer el texto y al personaje, pero el objetivo final es llegar al set lo suficientemente libre como para soltar el control y abrazar los «accidentes maravillosos» que la cámara es capaz de capturar.

“Básicamente tú como artista, en cualquier forma de arte, lo que estás haciendo es levantar un espejo en el que se puede ver el público, en el que se puede ver reflejado y puede entenderse mejor”, reflexionó el actor venezolano.

Por otra parte, Ramírez habló del reto de interpretar a personajes con motivaciones ideológicas complejas o diametralmente opuestas a las suyas, recordando que en América Latina todo arte está atravesado por la política.

Describió lo complejo que es este proceso, pues su objetivo a la hora de actuar no es hacer propaganda, sino intentar comprender la profundidad de las contradicciones humanas y hasta dónde pueden llevar estas convicciones.

Ante este método de inmersión, el actor enfatizó la importancia de la vulnerabilidad y la confianza comunitaria en el set. Señaló que el trabajo actoral requiere un director que sepa liderar y ofrezca un entorno seguro, permitiendo al actor, como le aconsejó en su momento Juliette Binoche, rendirse y dejarse hundir por completo en la escena para poder salir a flote con una emoción auténtica. 

“La actuación me ha permitido a mí poder confrontar mis propias contradicciones y entender también las contradicciones del otro”, afirmó Ramírez, subrayando que el arte es un vehículo de acompañamiento.

El diálogo incluyó las anotaciones que hace el actor sobre su forma de colaborar y enfrentarse al aspecto técnico del cine. En su opinión, la administración y contención de la energía es clave frente a la lente, y aconsejó a los guionistas evitar el exceso de descripciones para no volver pesada la lectura, recordando siempre que el cine no le pertenece a un solo departamento, sino que es un espacio de cocreación.

Por: Prensa FICG