Entender por qué envejecen los seres vivos y por qué este proceso ocurre a distinto ritmo entre individuos es clave para la biología de la longevidad. En aves, este proceso puede estar condicionado por la inversión en reproducción, ya que destinar más recursos a la puesta de huevos podría tener un coste en términos de mantenimiento del organismo.

Para analizarlo, un equipo internacional de investigadores realizó una selección artificial en codornices japonesas (Coturnix japonica), dividiéndolas en dos líneas: una que producía huevos relativamente grandes y otra de huevos pequeños. Este estudio es el primero en utilizar este tipo de enfoque en la selección de una especie de vertebrados para poner a prueba esta idea.

“La ventaja de realizar el estudio con codornices japonesas es que tienen tiempos de generación muy cortos, por lo que constituyen un modelo ideal para experimentos de selección artificial. Esta especie nos permitió demostrar experimentalmente la relación entre la inversión reproductiva y la esperanza de vida o envejecimiento”, asegura a SINC Barbara Tschirren, del Centro de Ecología y Conservación de la Universidad de Exeter (Reino Unido), que lidera la investigación.

Dado que esta especie apenas cuida a las crías tras la eclosión, la principal inversión de la madre se realiza antes del nacimiento, a través de los recursos que destina al huevo, lo que influye en la supervivencia de los polluelos.

Tras cinco o seis generaciones de selección, las hembras de la línea con huevos más grandes mostraron un envejecimiento más rápido y una menor longevidad, en torno a un 20 % menos que las seleccionadas para poner huevos pequeños. En la generación final del estudio, estas hembras vivían una media de 595 días, frente a los 770 días de las hembras de la línea con huevos pequeños.

En episodios de hambruna en humanos

La investigación publicada en Science Advances en 2025 utilizó datos de 4 684 mujeres expuestas o no a la gran hambruna finlandesa en distintas etapas vitales.

Sus resultados muestran que el coste en longevidad solo aparece en las mujeres expuestas a falta de alimentación severa durante su etapa reproductiva, con una reducción de alrededor de medio año de vida por hijo.

En las no expuestas o expuestas en otras etapas no observaron ese efecto. Esto sugiere que la adversidad ambiental amplifica el coste de la reproducción y ayuda a explicar las inconsistencias previas en humanos.

Hipótesis central de la biología evolutiva

Los resultados del trabajo en codornices apoyan una hipótesis central de la biología evolutiva según la cual una mayor inversión en la reproducción implica un coste en el mantenimiento del organismo.

En un estudio previo en el mismo sistema demostraron que estas aves presentan un sistema inmunitario regulado a la baja, así como mecanismos de reparación celular reducidos. “Este menor mantenimiento del organismo podría, en última instancia, conducir a una muerte más temprana”, argumenta la experta.

Asimismo, al igual que en nuestra especie, los autores creen que estos patrones que observaron probablemente son más pronunciados en condiciones más adversas, es decir, cuando los recursos son limitados o el estrés aumenta.

“Nuestros hallazgos demuestran que no existen ‘demonios darwinianos’ en la naturaleza y que la inversión en reproducción se produce a costa de una vida más corta, y viceversa, incluso dentro de una misma especie. Qué estrategia de historia de vida se selecciona finalmente dependerá de la ecología de la especie y la población, así como de factores ambientales, como el riesgo de depredación o las enfermedades”, concluye.

A partir de esta investigación, a Tschirren y su equipo les interesaría comprender los mecanismos que subyacen esta relación, especialmente el papel del sistema inmunitario, lo que podría inspirar en última instancia nuevas estrategias para prolongar la vida saludable.