Italia.

Tras el telón, donde nace la magia, se escucha el susurro de la seda y el tintineo de las perchas. Aquí todo está en movimiento: manos que ajustan dobladillos, aprietan corsés, abrochan botones y colocan adornos y accesorios. Un torbellino de terciopelos, encajes, golas y crinolinas, junto al destello de las lentejuelas y los cristales.

Alineados, los imponentes tocados están listos para ser usados, para embellecer y completar cada disfraz. Un poco más allá, espectaculares cabelleras empolvadas aguardan a damas y caballeros vestidos al estilo del siglo XVIII. Otras pelucas, vertiginosas y espectaculares, se crean al momento como arquitecturas de algodón de azúcar.

El maquillaje borra el presente y dibuja rostros de otras épocas. Frente al espejo, la mirada ya no se reconoce: es ahí donde empieza el juego y la diversión. Así toma forma este sueño de máscaras: es el gran baile del Carnaval de Florencia. Los carruajes llegan al Palazzo Vecchio, uno tras otro, con invitados que portan máscaras por una noche. El deseo de todos es dejarse sorprender.

Los brindis en el Patio de Michelozzo transforman el encuentro en una fiesta. Trajes de alta costura llenos de detalles, tejidos refinados y decoraciones preciosas son el fruto del arte, la creatividad y la pasión.

“Es cierto que a través de un disfraz se entra en otro mundo. Y esta es mi gran pasión”, relató Antonia Sauter, estilista.

La escalinata conduce al triunfal Salón de los Quinientos, que recibe a unos 300 invitados, muchos de ellos internacionales, llegados incluso de ultramar para vivir una experiencia única. Envolviendo la escena, el techo artesonado, los frescos y las obras de artistas como Miguel Ángel. Aquí, el sueño se hace realidad. Las bailarinas danzan, las violinistas interpretan melodías barrocas con un toque contemporáneo, en un espectáculo de otros tiempos que es, además, un evento benéfico.

“Este año apoyamos a la Fundación Tommasini Maciotti, que se dedica precisamente a los niños, a los más desfavorecidos”, relató Federica Rotondo, Vicepresidenta Asociación Carnaval de Florencia.

Pasada la medianoche, Florencia vuelve a respirar lentamente, pero conserva en su piedra antigua la promesa de que la belleza, aunque sea solo por una noche, puede vencer al tiempo.

Por: RAI.