México.
Lo que antes tirábamos a la composta hoy inspira a científicos en todo el mundo a investigar soluciones innovadoras para el futuro. Ese secreto se llama biochar, un carbón vegetal que se está convirtiendo en un material capaz de enfrentar algunos de los grandes retos de nuestro tiempo, desde mejorar la agricultura hasta combatir el cambio climático.
¿Y qué tiene de especial? La magia está en su estructura microscópica. Es poroso, conduce electricidad y es químicamente muy estable. Dicho así, suena técnico, pero en la práctica significa que puede atrapar moléculas específicas y reaccionar con ellas de manera inteligente. Lo más curioso es cómo se fabrica. El biochar se obtiene al calentar restos orgánicos —madera, hojas, cáscaras, residuos agrícolas— a muy altas temperaturas, pero sin oxígeno. De este proceso surge un material negro y ligero, lleno de diminutos poros que le dan ese poder para interactuar con diferentes sustancias. Y aquí empieza lo interesante. Esas propiedades lo vuelven ideal para crear sensores electroquímicos.
Imagina un dispositivo que puede detectar contaminantes en el agua, como pesticidas, metales pesados o colorantes industriales. Funciona como una alarma inteligente que, cuando detecta una molécula específica, cambia su flujo eléctrico y avisa qué sustancia está presente y en qué cantidad. Por eso, investigadores del Tec de Monterrey están desarrollando un sistema con celdas electroquímicas que usan biochar para limpiar aguas residuales provenientes de ríos contaminados, fábricas de alimentos y plantas industriales.
Además, en el mundo de la energía, el biochar puede usarse para almacenar y liberar electricidad de manera eficiente, resistiendo muchos ciclos de carga sin perder fuerza. Eso lo convierte en un candidato prometedor para baterías de alto rendimiento y supercondensadores. De hecho, una de las líneas más atractivas es su uso en baterías de iones de sodio. ¿Por qué importa? Porque el sodio es mucho más abundante y barato que el litio, lo que podría hacer más accesibles y sostenibles las baterías para autos eléctricos y para respaldar las redes de energía renovable. No todo es sencillo.
El desempeño del biochar depende mucho del tipo de residuo con el que se produce y de las condiciones del proceso. Eso significa que escalarlo a nivel industrial todavía es un desafío. Pero lo cierto es que su potencial es enorme. Quizá dentro de algunos años, cuando enciendas tu celular o pongas a cargar tu auto eléctrico, no estés pensando en litio ni en combustibles fósiles. Estarás usando energía almacenada gracias a algo mucho más común: la cáscara de un plátano, un pedazo de madera o los restos de tu desayuno. Porque sí, esta revolución empezó en la basura. Lee el artículo: “El biochar y sus mil usos: desde potabilizar agua hasta crear baterías orgánicas” en tecscience.tec.mx.
Por: TecScience.
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