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Creer una mentira no depende solo de lo que se dice, sino también de quién lo dice y del contexto. Un estudio publicado en la revista Journal of Neuroscience analizó con neuroimagen a 66 voluntarios mientras se comunicaban en pantalla frente a frente.

Los investigadores compararon situaciones de ganancia cuando la información podría beneficiar a ambos con contextos de pérdida. El hallazgo es claro: las personas tendían a creer más mentiras en escenarios de ganancia. Y si la mentira viene de un amigo, sus cerebros muestran una sorprendente sincronía en áreas ligadas a la recompensa cuando hay beneficios, y en regiones de riesgo cuando hay pérdidas.

Esa actividad cerebral compartida incluso permitió predecir cuándo alguien sería engañado con éxito.

La conclusión: la confianza y la promesa de obtener algo pueden hacer que seamos menos precisos al evaluar la verdad, sobre todo cuando la mentira viene de un amigo.