México.

En el noreste de la península de Yucatán existe un sitio impresionante: la Reserva de la Biosfera Ría Celestún. Esta área protegida es parte de la red de humedales del norte de la península de Yucatán y el hogar de cientos de plantas y animales distintos, entre otras aves migratorias y residentes. Aquí habita una especie espectacular: el flamenco rosado.

Estas aves tienen plumas rosas o naranjas; un cuello de forma que pueden alargar o encoger según sus necesidades; un pico curvo; extremidades largas y delgadas que parecieran poco aptas para sostener el peso de su cuerpo, y patas con membranas entre los dedos. Estas características le permiten vivir y alimentarse en aguas salobres poco profundas donde casi no existen depredadores. Los flamencos no se aventuran a zonas profundas ni se meten tierra adentro, a diferencia de otras aves que viajan de norte a sur del continente.

Los flamencos realizan su migración de este a oeste desde Celestún, donde pasan los meses de noviembre a marzo, hasta Ría Lagartos, donde generalmente se reproducen, construyen sus nidos y cuidan de sus crías. Y al año siguiente, repetirán el mismo viaje.

Los flamencos construyen nidos que parecen pequeños volcanes, con el lodo que encuentran en el fondo de la laguna y plumas, piedras, hojas y ramitas. Los padres suelen mantenerse unidos a lo largo de su vida, y ambos se encargan de construir el nido, incubar el huevo y cuidar a su cría. Los bebés flamencos son blancos, con extremidades y cuellos cortos y el pico recto, muy distinto a sus padres.

En la península de Yucatán, los flamencos se alimentan de organismos pequeños como moluscos, larvas de insectos y crustáceos de color naranja, que son los responsables de dar la coloración rosada o naranja de sus plumas. Su forma de alimentarse es singular: se mantienen erguidos y sumergen la cabeza a la altura de sus patas, alargando o acortando el cuello. De esta manera, quedan con la cabeza invertida. Su pico está cubierto de hileras de lamelas, estructuras óseas que funcionan como un filtro, de manera similar a las barbas de algunas ballenas. Mueven sus patas y balancean su cabeza, y con ayuda de su lengua grande y poderosa, hacen pasar el lodo por las lamelas, reteniendo a los organismos que necesitan y expulsando el resto.

El flamenco es probablemente el animal más vistoso de la reserva y el que atrae a más visitantes. Por eso es considerada una especie sombrilla, ya que, al protegerla a ella, se conservan también los miles de habitantes de la reserva, muchos endémicos o en peligro de extinción. Solo así podremos asegurar que este paraíso siga siendo un refugio para la vida silvestre y un legado para las generaciones futuras.

Por: TV UNAM.