Chile.

El Museo de la Memoria y los Derechos Humanos en Chile acoge una exposición dedicada a los cincuenta años de la Vicaría de la Solidaridad, una muestra destinada a una de las experiencias más relevantes en la defensa de los derechos humanos durante la dictadura civil-militar de Augusto Pinochet, que se dio entre 1973 y 1990. Gonzalo Torres, miembro de la vicaría en sus primeros años, destacó su importancia.

«Después de la vicaría, el concepto de derechos humanos apareció con fuerza. En Chile nunca se habló de derechos humanos, sino hasta después, prácticamente, del Simposio Internacional de Derechos Humanos, que se organizó la vicaría. La voz y el concepto de derechos humanos cobraron cada vez más fuerza”, relató Torres.

Creada en 1976 por el cardenal Raúl Silva Enríquez, tres años después del golpe de Estado que derrocó a Salvador Allende y quebró la democracia en el país, la vicaría se transformó en un espacio de refugio clave para las víctimas de la represión política. Junto con brindar asistencia jurídica y social a las víctimas, sobre todo mujeres que lideraban la búsqueda de sus familiares detenidos, la vicaría asumió un rol de documentación, presentación de recursos judiciales y visibilización internacional de los crímenes de Estado, por lo que se convirtió en un referente moral y político más allá del ámbito eclesiástico.

Luis Enrique Salinas trabajó como jefe de departamento en la vicaría. “Si bien la vicaría generó una cantidad fundamental de información, no es que en esta llamada a hacer justicia, pero esa memoria es la que posibilita que hoy día, aunque tarde, se siga haciendo justicia”, destacó Salinas.

La exposición recorre el trabajo colectivo de la vicaría, que se extendió hasta 1992. A través de documentos, testimonios y materiales históricos, Memoria y verdad, como se llama la exposición que estará abierta hasta principios de abril, invita a reflexionar sobre una experiencia que trascendió a la Iglesia católica y se consolidó como un pilar fundamental de la defensa de los derechos humanos en Chile.

La dictadura dejó un saldo de casi cuarenta mil víctimas. Entre ellas, al menos tres mil doscientos opositores asesinados, de los que mil cuatrocientos sesenta y nueve fueron víctimas de desaparición forzada.