Ecuador.

Desde hace décadas, la comunidad científica advierte sobre un fenómeno llamado lluvia ácida, que es el resultado de la contaminación atmosférica generada por las emisiones industriales, que se mezcla con el vapor de agua en la atmósfera y produce precipitaciones mucho más ácidas de lo normal.

«Hablar de lluvia ácida significa hablar de contaminación ambiental, en este caso, contaminación del aire. Muchas veces, cuando hablamos de la contaminación del aire, pensamos que son todas las partículas y gases que se encuentran en la atmósfera sin más. Lo que no sabemos es la acción o el efecto que causan posteriormente«, destacó Santiago Cabrera, experto en contaminación.

Sus efectos impactan desde ecosistemas hasta estructuras hechas por el hombre.

“Lo cual ya pone en riesgo a los lugares donde va a precipitar, sean estos patrimonio cultural, sean edificaciones o sea patrimonio natural. Pueden ser ecosistemas acuáticos, pueden ser plantaciones, pueden ser bosques o algunas otras formas de vida”, relató Cabrera.

La lluvia ácida afecta a poblaciones donde el aire tiene porcentajes altos de contaminación, como China, India y Estados Unidos, además de algunas zonas de América Latina como México y Chile. Si de contaminación del aire hablamos, existe otra partícula química derivada de la fabricación de productos farmacéuticos y pesticidas, llamada ácido trifluoroacético o TFA, por sus siglas en inglés.

“La preocupación o la problemática que alerta la comunidad científica se debe a que la Organización Mundial de la Salud ha categorizado ciertos elementos o compuestos con diferentes niveles de riesgo, tanto a nivel de concentración de TFA en el océano, por ejemplo, en la cadena trófica, en los alimentos, en frutales”, comentó Santiago Salazar, docente.

La comunidad científica alerta de altos porcentajes del ácido en las lluvias. El problema es que este tipo de contaminación no se degrada fácilmente, lo que significa que puede acumularse en ríos, lagos y suelos. De acuerdo con expertos, el incremento de agentes contaminantes en las precipitaciones evidencia cómo lo que arrojamos al aire no desaparece, sino que regresa a la tierra en forma de contaminación.

Por: Universidad Técnica del Norte (UTN).