México.
La llamada planta Teresita es conocida por una larga lista de nombres populares —Ninfa, Chula, Cortejo, Amor ardiente, Maravilla, Todo tiempo, Dalias o Paragüitas— y suele crecer sin mayor cuidado en jardines, banquetas y patios de distintas regiones de México. Sin embargo, detrás de su apariencia común se esconde un interés científico de alcance global: esta planta es hoy la principal fuente de un compuesto clave utilizado en el tratamiento de la leucemia infantil.
El tema despertó gran curiosidad entre la audiencia, por lo que se entrevistó a Delia Serna, investigadora en instrumentación analítica del Centro de Biotecnología FEMSA del Tecnológico de Monterrey, quien explicó los hallazgos y límites del uso de esta especie.
Aunque muchas personas creen que se trata de una planta mexicana, en realidad es originaria de Madagascar y se adapta con facilidad a climas tropicales.
acuerdo con la investigadora, en un inicio se pensó que podía ser útil para tratar la diabetes, pero estudios más rigurosos descartaron esa aplicación. En cambio, revelaron su efectividad en el ámbito oncológico.
El interés médico se centra en un compuesto presente en sus hojas verdes, del cual se obtiene la vincamina, utilizada principalmente en tratamientos contra la leucemia infantil. No obstante, Serna subrayó que el hecho de que una planta produzca sustancias anticancerígenas no significa que pueda consumirse de manera directa o segura.
“Muchas plantas generan estos compuestos como mecanismo de defensa, pero junto con ellos producen otras sustancias tóxicas”, explicó. Por ello, advirtió que no es recomendable ingerir la planta de forma habitual ni utilizarla como remedio casero, ya que se estaría consumiendo una mezcla de componentes benéficos y dañinos.
Ante creencias populares que atribuyen a la Teresita propiedades para aliviar dolores, anemia o incluso tumores, la especialista fue clara: el uso limitado puede parecer inofensivo, pero implica riesgos. La ciencia, dijo, toma a la naturaleza como punto de partida para aislar y purificar únicamente los compuestos útiles, eliminando aquellos que resultan peligrosos para la salud.
Serna también explicó por qué no es posible sintetizar estos compuestos completamente desde cero. La producción depende todavía de la planta, lo que implica un proceso altamente demandante: se requieren aproximadamente dos toneladas de hojas verdes para obtener un solo gramo del principio activo. Esta baja eficiencia explica, en parte, el desabasto ocasional de ciertos medicamentos oncológicos.
Finalmente, la investigadora destacó que muchas plantas mexicanas producen sustancias con potencial anticancerígeno, pero el verdadero reto no es encontrarlas, sino desarrollar fármacos seguros, controlados y eficaces a partir de ellas. Así, la planta Teresita pasa de ser una flor común a un ejemplo claro de cómo la ciencia transforma el conocimiento tradicional en medicina moderna.
Por: Tecsience.
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