Croacia.

En este condado croata, las ovejas son apreciadas por su carne, pero no por su gruesa lana. Es necesario esquilarlas, pero su pelaje no es apto para confeccionar ropa. La lana sin tratar se descompone lentamente y puede albergar enfermedades, lo que la hace potencialmente peligrosa. Pero esta empresaria ha encontrado un nuevo uso para la lana gruesa. Su fábrica la transforma en fertilizante orgánico.

«Creo que este es el mejor ejemplo de economía circular. Hemos transformado algo que nadie consideraba valioso, algo que muchos llamarían desecho, en un fertilizante nitrogenado de alta calidad”, destacó la empresaria.

Su modelo de negocio ecológico inspira a otros granjeros en la región.

Estamos estudiando también utilizar el estiércol de oveja como fertilizante para reutilizar todo lo reutilizable, reduciendo los residuos y creando valor económico en cada elemento de la producción”, destacó el granjero.

Los residuos de lana son un problema global. Gran parte se quema o se entierra, causando riesgos medioambientales. Pero cada vez más negocios aprovechan su potencial, allanando el camino para una ganadería ovina más ecológica.