La exploración de Marte tiene una nueva escala en la Tierra, y esta vez el escenario no será el desierto, sino el hielo. La asociación Hypatia Mars ha anunciado que su tercera misión, Hypatia III, se desarrollará en la Flashline Mars Arctic Research Station (FMARS), situada en la remota isla de Devon (Canadá). Las anteriores misiones Hypatia tuvieron lugar en la Mars Research Desert Station de Utah (EE UU).
El proyecto supone un hito doble: será la primera misión formada íntegramente por mujeres en esta base y la primera en contar con investigadoras españolas.
La expedición, seleccionada por The Mars Society, representa una evolución técnica y logística respecto a las dos misiones anteriores realizadas en el desierto de Utah. Según explica Roser Bastida, periodista, artista y tripulante de la misión, la elección del Ártico responde a la necesidad de un mayor realismo térmico, dado que las temperaturas en Marte suelen estar bajo cero, pero también a la dureza del entorno.
“El frío extremo, la nieve y el hielo transforman por completo la gestión de la misión, incluyendo el equipamiento, la ejecución de las actividades extravehiculares y el rendimiento de las tripulantes”, señala Bastida. Además, destaca el desafío de la autonomía total: “La isla de Devon es la mayor isla deshabitada del mundo. No hay hospitales ni infraestructuras de apoyo; el aislamiento severo acercará la simulación mucho más a lo que implicaría una futura misión tripulada a Marte”.
Analizar el bienestar y la resiliencia biológica
En cuanto al área de salud, Hypatia III dará continuidad a los estudios sobre la fisiología femenina en entornos extremos, pero con nuevos enfoques.
Se investigará cómo la dieta influye en la adaptación biológica y, por primera vez, se analizará la ‘salud espiritual’, un concepto que engloba el bienestar y la capacidad de resiliencia de las astronautas ante condiciones críticas.
Para Bastida, la clave del éxito reside en la diversidad del equipo: “Al ser un equipo multidisciplinar, cada proyecto puede beneficiarse de miradas diversas y aprovechar el conocimiento de las demás”.
Centinelas del cambio climático en Nunavut
Más allá de la simulación espacial, la misión tiene un fuerte componente de geociencias y ecología terrestre. En colaboración con el Gobierno y la población de Nunavut, las investigadoras monitorizarán el permafrost y analizarán la calidad del agua para detectar contaminaciones históricas liberadas por el deshielo.
“Usando datos de radar por satélite, analizaremos cómo el deshielo influye en la estabilidad del terreno”, explica la investigadora. Estos datos son fundamentales para diseñar infraestructuras seguras tanto en zonas vulnerables de la Tierra como en futuros asentamientos en el planeta rojo. La agenda científica se completa con la búsqueda de nanoplásticos y el estudio de microorganismos extremófilos en fuentes hidrotermales.




