Iberoamérica.

Una colonia de hormigas funciona como un solo organismo. Cada obrera es una célula dentro de un cuerpo colectivo y cuando una parte enferma, todo el organismo debe reaccionar.

Ahora, un grupo de científicos ha descubierto que cuando una pupa de hormiga está terminalmente infectada, no intenta esconderlo. Envía una señal química que anuncia su muerte inminente y el peligro que representa. Las obreras responden al instante. La extraen del capullo, perforan su superficie y aplican ácido fórmico, su propio desinfectante.

El tratamiento elimina los patógenos, pero también mata la pupa. Lo que parece un sacrificio brutal tiene un sentido evolutivo. Al advertir a la colonia, la pupa protege a sus compañeras y a su linaje genético. Los investigadores demostraron que el olor basta para activar la respuesta.

Cuando transfirieron el aroma de una pupa terminal a una sana, las obreras actuaron del mismo modo. La señal solo aparece cuando la infección es incontrolable.

Las futuras reinas, capaces de defenderse, no la emiten. El sistema es quirúrgicamente preciso, solo se elimina lo que ya no puede salvarse. En la vida de la colonia, la salud del colectivo está por encima de la vida individual.