Iberoamérica.

Las manos biónicas han devuelto movimiento a miles de personas, pero siguen teniendo una limitación clave: controlarlas requiere un esfuerzo enorme. Un nuevo estudio propone una solución distinta, que la mano y el usuario compartan el control de forma continua.

Investigadores integraron sensores de proximidad y presión en las yemas de una prótesis comercial y entrenaron un algoritmo capaz de anticipar la distancia al objeto y ajustar la posición de los dedos. Al mismo tiempo, la mano incorpora las señales del usuario, extraídas de la actividad eléctrica del músculo o la piel.

El sistema fue probado con personas amputadas y voluntarios sanos en tareas reales. Agarrar un huevo, levantar una hoja de papel, beber de una taza. El resultado fue claro, más precisión, más control y menos carga mental. La colaboración constante entre humano y máquina permitió modular mejor la fuerza, ajustar el agarre y moverse con más naturalidad. Los usuarios sintieron que las tareas eran más intuitivas y menos agotadoras.

Aún queda evaluar su uso a largo plazo, pero el mensaje es evidente. Las prótesis del futuro no solo reemplazarán una mano, trabajarán a su lado.