Al principio de su larguísima historia, la Tierra era una masa de roca fundida. Con el tiempo, millones de años, la superficie del planeta se enfrió y nuestro mundo pasó de ser un lugar incandescente a uno donde el agua pudo existir en estado líquido. 

Al enfriarse se formó una delgada capa sólida, la corteza terrestre. Debajo de ella sigue existiendo un mundo en constante movimiento, una capa elástica que, impulsada por el calor interno del planeta y la presión a la que está sometida, se mueve y arrastra enormes bloques de la corteza terrestre: Las placas tectónicas. 

Estas placas chocan, se separan, giran, se hunden una bajo otra y al hacerlo se estiran o se compactan, moldeando así la superficie de nuestro planeta. La Tierra ha cambiado desde sus orígenes y tenemos evidencias de que hace unos 300 millones de años todos los continentes estaban unidos en uno solo: Pangea. Pero el movimiento lento e imparable de las placas tectónicas lo fracturó, dando origen a dos grandes masas de tierra, Laurasia al norte y Gondwana al sur, separadas por el antiguo mar de Tetis. Con el tiempo, entre la separación de lo que hoy es África y América, se formó una grieta donde se creó un nuevo suelo oceánico. 

Esta depresión se llenó de agua dando origen al océano Atlántico. A medida que el Atlántico se expandía, la corteza terrestre se estiró y adelgazó y formó depresiones o cuencas en la Tierra. En el oriente de estos dos continentes que se separaban lentamente, el agua de mar entró a una cuenca llenándola completamente. Así nació lo que sería el Golfo de México, y los procesos geológicos continuaron.

En lo que hoy es la costa del Pacífico, una placa se deslizó bajo otro proceso que generó la formación de imponentes cadenas montañosas. El Golfo de México comenzó a tener una forma parecida a la actual.  La península de Yucatán estuvo cubierta por mares poco profundos durante millones de años. Allí, los restos de corales, conchas y esqueletos de peces se acumularon formando una plataforma submarina de roca caliza que terminó por emerger. 

La erosión de las montañas y el transporte de sedimentos hacia el Golfo de México contribuyó a la acumulación de depósitos de materia orgánica, que ahora son la fuente de petróleo en esta región. Pero no todo fue lento y gradual. Hace 65 millones de años, un asteroide de diez kilómetros de diámetro impactó cerca de lo que hoy es Yucatán.

La energía liberada fue tan colosal que provocó terremotos, tsunamis y una extinción masiva que acabó con la mayoría de los dinosaurios y muchas otras formas de vida. Unas especies desaparecieron y surgieron otras. Este evento marcó un antes y un después en la historia de la Tierra.

El Golfo de México es el resultado de una combinación de procesos geológicos, climáticos y biológicos que sucedieron durante muchísimo tiempo y que continúan activos. La Tierra sigue cambiando, como lo ha hecho desde su formación, y en millones de años será muy distinta a la que conocemos hoy en día. Mientras tanto, podemos tratar de entender su historia y cuidar de este increíble hogar que compartimos con tantas otras formas de vida.

Por: TV UNAM