Guadalajara, Jalisco
En la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2025, la ciencia tomó por sorpresa a más de un asistente. Bajo el título “¿Los microbios son mis amigos?”, el investigador Marc Güell y el comunicador científico Nico Sastre demostraron que esos seres diminutos que habitan nuestra piel no solo no son enemigos: podrían convertirse en nuestros mejores aliados de salud.
El microbioma: nuestro segundo genoma
Güell abrió la conversación con una idea que, de entrada, reconfigura cómo entendemos el cuerpo humano: “Somos un ecosistema”, dijo. No un individuo aislado, sino un conjunto de microorganismos que trabajan junto a nuestras células. Esta comunidad, el microbioma, está presente en cada rincón: boca, intestino, piel, incluso lugares donde nunca imaginaríamos vida microbiana.
Comprender esta “fauna microscópica” es clave para entender cómo funcionamos. De hecho, explicó Güell, la cargamos como una auténtica máquina molecular capaz de combatir problemas que van desde desbalances metabólicos hasta enfermedades inflamatorias.
Entre los proyectos más innovadores del equipo de Güell destaca CutBiotic01, un tratamiento probiótico basado en Cutibacterium acnes. Sí, la misma bacteria asociada al acné… solo que aquí, reprogramada para combatirlo.
¿Cómo funciona este aparente contrasentido?
Güell y su equipo utilizan C. acnes como “chasis” biotecnológico. Esta bacteria, detalló, tiene características ideales: es grampositiva y anaerobia facultativa; vive de forma natural en la unidad pilosebácea; metaboliza el sebo; produce antimicrobianos que frenan bacterias invasoras; y convive muy de cerca con células humanas. Es decir: ya pertenece ahí.
La idea no es matar microbios con antibióticos, sino desplazar a las bacterias problemáticas usando bacterias benéficas: un enfoque más natural y profundo. “Modulamos el sebo, modulamos el sistema inmune… y actuamos desde la raíz del problema”, explicó.
Cuando Nico Sastre, con humor, preguntó si esto significaba “colocar bacterias para combatir bacterias”, Güell confirmó la idea con un ejemplo sencillo: el tratamiento es un tónico con bacterias vivas que reduce la secreción de sebo y evita que proliferen las cepas asociadas al acné.
Pero lo más sorprendente es que estas bacterias se quedan. Gracias a su propia anatomía y su afinidad con la piel, son capaces de establecer una colonia y continuar su labor protectora.
La conversación tomó un giro inesperado cuando Güell habló del impacto de la microbiota más allá de la piel.
“Jamás imaginé lo brutal que sería su influencia en temas metabólicos y neurológicos”, comentó. Estudios recientes muestran que el equilibrio microbiano influye en la inflamación, el metabolismo y hasta en señales nerviosas que afectan el estado de ánimo.
Sastre introdujo otra dimensión: si los prebióticos son el “alimento” de los probióticos, “las mascotitas que viven en nuestro intestino”, ¿existe algo equivalente para la piel?
Güell respondió que sí. Aunque el campo está en desarrollo, su propia investigación apunta a que ciertos compuestos pueden alimentar selectivamente a los microbios cutáneos benéficos.
Por: Leslie Almanza / NCC Iberoamérica
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