Ecuador.
Existe un fenómeno botánico que desafía la lógica común, es el árbol Frankenstein, de cuyo tronco brotan ramas cargadas de diferentes frutas. Aunque el nombre evoca imágenes de ciencia ficción, su existencia es una realidad gracias a una técnica agrícola con miles de años de historia, el injerto.
“Es una técnica bastante antigua, dentro de la agricultura hay datos que se originó en China, se extendió a Grecia, a Roma y de ahí pues ya vino a Latinoamérica aproximadamente hace unos 3000 años. Esta es una técnica en la cual combinan dos plantas, dos especies del mismo género, pero que tengan diversos caracteres, por ejemplo una puede ser más rústica, se unen las dos y crean un nuevo ente, un nuevo ser”, explicó Fernando Basantes, docente investigador de UTN.
Para demostrar que a través de esta técnica se pueden obtener maravillas naturales, el artista y profesor Sam van Aken, creó el famoso árbol de 40 frutas o Frankenstein, que florece en distintas épocas del año y ofrece una colección de diversas frutas de hueso, como duraznos, cerezas, ciruelas y almendras. Pero el proceso para obtener este interesante árbol fue largo, pues se necesitó un año simplemente para saber si el injerto había tenido éxito y hasta ocho para crear un solo árbol, algo que funcionó como demostración, pero que es poco práctico en la agricultura.
“Nosotros podemos hacer unos 100 injertos más también, pero va a depender de las reservas que tenga el árbol, porque si nosotros vamos haciendo un injerto en una plantita muy pequeña que no tenga muchas reservas, mucho follaje, mucha hojita que le ayuda a respirar hacia la fotosíntesis, pues obviamente va a ser contraproducente esta actividad, entonces lo que va a causar es una muerte descendente, una muerte a largo plazo o a mediano plazo en la cual pues no va a producir. La idea sería no hacer tantos injertos, tal vez para una parte demostrativa puede ser muy bueno. Nosotros queremos hacer una planta productiva, pues vamos a tener que hacer un solo injerto, y pues eso duraría años”, agregó el investigador.
En la producción agrícola mundial casi todos los frutales comerciales dependen de esta técnica que, a pesar de ser milenaria, sigue siendo importante en el mundo actual donde algunas variedades de frutas ya se han perdido por plagas y cambio climático.
A nivel global la adopción de plantas injertadas varía según la especie y la región. Por ejemplo, en países como Corea y Japón aproximadamente el 5% de las plantas hortícolas son injertadas, alcanzando el 100% en cultivos de sandía y melón. En Ecuador son los agricultores que con su vasta experiencia y habilidad continúan realizando injertos para mejorar la calidad de sus cultivos.
“Los mejores injertadores son agricultores que han ido digamos practicando. Los injertadores saben que no se puede, por ejemplo, injertar en luna tierna. Hay que tomar los ciclos de menguante o creciente y también digamos las fuentes semilleras. Entonces es mucha destreza, es decir, es más un trabajo de destreza manual, de precisión”, concluyó el investigador.
Por: UTN.
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