Crean con CRISPR ‘supermoscas’ mutantes que hacen vomitar a cualquiera

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Estados Unidos.

Un equipo de la Universidad de California en Berkeley (EE UU) ha convertido a las moscas de la fruta (Drosophila melanogaster), una presa apetecible para ranas y pájaros, en presas potencialmente venenosas que pueden provocar el vómito a cualquiera que las coma.

Es más, en cantidades suficientemente grandes, podrían provocar incluso el vómito humano de forma parecida a lo que lo hace el jarabe de ipecacuana –utilizado para inducir náuseas–, según los científicos.

El equipo de investigadores diseñó genéticamente estas moscas utilizando la técnica de edición genética CRISPR-Cas9 para que pudieran comer algodoncillo tóxico (Asclepias curassavica) sin morir. Esta es una estrategia que utiliza la mariposa monarca (Danaus plexippus) para evitar a sus depredadores.

Los científicos han logrado así recrear por primera vez en un organismo multicelular un conjunto de mutaciones evolutivas que conducen a una adaptación totalmente nueva, en este caso, una nueva dieta y una nueva forma de disuadir a los depredadores en moscas. El estudio se publica en la revista Nature.

Moscas con triple mutación genética

El equipo logró esta hazaña al hacer tres ediciones CRISPR en un solo gen, es decir, modificaciones idénticas a las mutaciones genéticas que permiten a las mariposas monarcas consumir algodoncillos y secuestrar su veneno.

En las mariposas, estas mutaciones les permiten comer plantas venenosas, un hecho clave para su supervivencia. Las moscas con la triple mutación genética demostraron ser 1.000 veces menos sensibles a la toxina del algodoncillo que la mosca de la fruta silvestre.

El objetivo del trabajo era establecer qué cambios genéticos en el genoma de las mariposas monarcas eran necesarios para permitirles comer algodoncillo sin intoxicarse. Lo que sorprendió a los investigadores es que, con tan solo tres sustituciones de un solo nucleótido en un gen, la mosca de la fruta tenía la misma resistencia a las toxinas que las mariposas.

“Todo lo que hicimos fue cambiar tres zonas e hicimos estas ‘supermoscas’. Pero para mí lo más sorprendente es que pudimos probar hipótesis evolutivas de una manera que nunca había sido posible fuera de las líneas celulares. Habría sido difícil de descubrir sin tener la capacidad de crear mutaciones con CRISPR”, dice Noah Whiteman, investigador principal del estudio en la Universidad de California.

Sin embargo, hacer a las moscas resistentes a la toxina del algodoncillo tiene un precio para las mutantes, ya que no se recuperan tan rápido de molestias tales como sacudidas.

“Esto demuestra que las mutaciones tienen un coste en términos de recuperación del sistema nervioso y probablemente otros que desconocemos. Pero el beneficio de poder escapar de un depredador es tan alto, que entre morir o las toxinas, ganan las toxinas”, añade el científico.

Por: SINC

Noticiero Científico y Cultural Iberoamericano – Noticias NCC
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