España.
Dormir bien, comer sano y moverse. Parece la receta de siempre, pero ahora la ciencia confirma su impacto directo en cómo nos sentimos.
Un estudio internacional con más de 2 mil jóvenes de entre 17 y 25 años revela que la calidad del sueño es el factor más determinante para el bienestar psicológico.
La investigación pone de manifiesto que el consumo de frutas y verduras puede compensar en parte los efectos de una mala noche. Además, el estudio demuestra que la actividad física también aporta beneficios diarios.
Los investigadores destacan que “no hacen falta grandes cambios, dormir un poco mejor, comer algo más saludable o moverse 10 minutos más ya marcan la diferencia”.
En una etapa vital llena de presiones académicas, sociales y económicas, estos pequeños gestos pueden ayudar a los jóvenes no solo a salir adelante, sino a sentirse más felices y resilientes.
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